Mordaza

Dos horas después de despedirnos en la estación me llegó un mensaje al móvil

“A partir de ahora castidad. Ya te avisaré.

A.A”

A partir de ahora? Pensé, llevaba una semana, desde que me lo ordenò y hacía dos horas que se había ido. Que pretendía, que me hubiera metido en el baño de la estación?

A veces su sadismo me seguía sorprendiendo. Lo entendí con el mensaje que me llegó 5 minutos después

“😂🤣😈”

Cabrona. Cabrona. Golpeaba el volante del coche como un imbecil. Sería una broma de mal gusto? Cuánto tiempo pasaría? Me mataba esta incertidumbre, y me ponía cachondo, lo cual en estas circunstancias era peor.

Pasaron dos meses. Por supuesto obedecí, siempre lo hacía, cualquier relación se basa en las confianza, una relación. D/s y en estas circunstancias aún más. Ni que decir tiene que me costó más que otras veces, sobre todo los primeros días con el recuerdo de nuestro encuentro tan reciente. Luego, como en todo, el cuerpo se va acostumbrando, aunque hay momentos en los que la pura biología quiere imponerse y ahí hay que hacer valer la fortaleza mental y la voluntad.

Por fin, un jueves, justo a los dos meses me llegó otro mensaje

“El sábado a las 11 me recogerás en Atocha. Lleva coche. Disponible para mi sábado y domingo

A.A”

Sentì alegrìa, también algo de esperanza, quien sabe si acabaría mi penitencia aunque lo dudaba, y sobre todo sentì emoción, esa sensación ante la perspectiva de volver a verla, fuera para lo que fuera.

Estábamos ya a finales de junio, una de mis épocas preferidas, en Madrid suele hacer calor cosa que prefiero, los días son más largos, las mujeres están más guapas…y por supuesto pies al aire, aunque en mi situación eso no era del todo bueno. Pensaba esto mientras esperaba en Atocha, me imaginé que ocurriría si ella pudiera leerme el pensamiento, aunque a veces parecía que lo hacía, a eso llegaba su conocimiento y el poder que tenía sobre mi.

La vi acercarse al coche, bajè y fui a su encuentro

-Buenos días Señora, que tal el viaje

-Bien esclava

Cogí su maleta, llegamos al coche, la metí en el maletero y abrí la puerta para que entrara. Una vez los dos dentro me dijo que esperara para arrancar, la vi revolver en su bolsa de mano.

-Te voy a hacer un favor esclava

Vi como sacaba una mordaza de bola, no muy grande, a continuación se descalzaba y se sacaba las medias, negras y finas, era raro que las llevara pues ya hacía calor. Luego las hizo una bola

-Abre la boca

Así lo hice, me metió las medias, que por lo que pude comprobar estaban usadas y calientes, luego me puso la mordaza.

-Llevaras esto puesto todo el día, para disimular te pondrás la mascarilla

Lo peor de la pandemia había pasado, pero aún quedaban hábitos y algunas restricciones, había que llevar mascarilla en lugares cerrados y había gente que también las llevaba en el exterior, aunque no era habitual tampoco era raro. Así que así lo hice.

-Si tienes alguna dificultad para respirar me avisas, de todos modos cada cierto tiempo te permitiré quitártelo. Te estoy haciendo un favor, así no dirás estupideces y yo no te tendré que castigar por ello, ya tendrás ocasión de agradecérmelo.

Luego me indicó que me dirigiera al centro y aparcara en un parking público. El día sería de compras.

Por la mañana estuvimos en un par de zapaterías donde se probò varios modelos. Yo la descalzaba arrodillado y le ponía los modelos elegidos. Habitualmente los dependientes miraban con extrañeza aunque no solían decir nada, en una de las zapaterías la dependienta indicò que ya la ayudaba ella, pero contestò sin dudar

-No se preocupe, para eso traigo a mi sirvienta

Finalmente compró unas bonitas sandalias de tacón, que le regalé sin que tuviera que decir nada.

Luego fuimos a comer, para lo que me permitió quitarme la mordaza, aunque por un tiempo limitado. Ella me pidió la comida como siempre, una ensalada, algo que sabía que no me hacía gracia.

Tras la comida me informó que teníamos que ir a recoger a una amiga. Yo no dejaba de preguntarme mientras conducía como debía comportarme ante alguien desconocido. Sin que me dijera nada decidí hacerlo como lo que era.

Aparcamos en una calle no demasiado lejos del centro, al rato apareció su amiga, una chica rubia de la edad de mi Ama más o menos, algo más alta y bastante guapa. Se dieron dos besos, le abrí la puerta trasera. La amiga no pareció extrañarse ni de que no hablara ni de que llevara mascarilla. Ella me indicò que me dirigiera a un centro comercial de la zona norte, bastante exclusivo. Pasamos la tarde de una tienda a otra, yo detrás de ellas acarreando las compras, todo el tiempo con la mascarilla y la mordaza puestas, por un lado odiando tener que llevarlas, por otro disfrutando de la situación y tremendamente excitado. En una de las tiendas ella me llamò al probador, me dio un vestido que se estaba probando y me ordenó que buscara otra talla. Así lo hice, le llevé el vestido y me dijo que entrara al probador. Me ordenò que la ayudará a cambiarse. Observar su cuerpo desnudo, con la mordaza puesta hizo que sintiera un tremendo calor por todo el cuerpo y un grado de excitacion maximo. Con tantos días de castidad verla allí descalza, tener su cuerpo tan cerca y no poder hacer nada.

Me dijo que me quitara la mascarilla y la mordaza y que me sacara las medias de la boca. Un halo de esperanza me inundó. Tal vez me permitiera lamer sus pies…o igual…buff.

Entonces se quitó las bragas e hizo una bola con ellas.

-Tienes algo que decir?

Lo entendí enseguida

-Por favor Ama me las puede meter en la boca?

Ella sonrió satisfecha

-Bien esclava, si insistes

Luego puso la mordaza, apretando más que antes y encima la mascarilla.

Pensé que por suerte estábamos en el vestidor y nadie nos había visto. Salimos y su amiga nos estaba esperando fuera fumando un cigarro. Estuvimos en varias tiendas más. Su olor me inundaba, no podía pensar en otra cosa. La deseaba, deseaba volver a casa y que me usara, estar a sus pies.

A última hora de la tarde decidieron tomar algo en una terraza. Nos sentamos, pidieron un refresco y un tinto de verano. Para mi nada. Empezaron a hablar de sus cosas mientras yo era testigo mudo, sin poder hablar, con sud bragas en la boca y la mordaza y la mascarilla. Que pensaría su amiga? Sospecharía algo? Pensaría que era idiota? La situación no dejaba de avergonzarme un tanto al mismo tiempo que me excitaba. Esa adictiva sensación contradictoria de la sumision.

Pidieron una segunda consumición. Su amiga dijo que iba al baño. Mi Ama pidió un vaso de agua, luego lo vació en un cenicero que puso junto a sus pies.

-tal vez tengas sed

Entendía lo que quería, por suerte la terraza estaba medio vacía sin nadie cerca, me quitè la mascarilla y la mordaza, me saqué las bragas y me arrodillé

-voy a aliviar tu sed, no se te olvida algo?

Ella sabía que era algo que odiaba, no me gustaba nada tener que suplicar, menos por ese tipo de cosas, me resultaba humillante

-Por favor Señora, le suplico que me deje beber

Sonriò.

-Voy a pensarlo

Mientras permanecí de rodillas impaciente, su amiga estaría al volver, que pensaría al verme así?

-Està bien puedes beber. No dejes nada

Fui a agarrar el cenicero para inclinarlo y facilitar la bebida

-Sin manos

Que hijadeputa, me costaría más. Tardaría más.

Puse las manos a la espalda y empecé a beber lo más deprisa que pude, haciendo un ruido lamentable y vergonzoso.

-Cuidado no te atragantes perra jaja

No era mucha cantidad, a la vez miraba de reojo por si venía alguien. Para “ayudarme” ella puso el pie sobre mi cabeza, aunque obviamente no ayudaba nada, todo lo contrario. Aún así ya quedaba poco, parecía que tendría suerte, y justo cuando no quedaba casi nada escuché la voz de su amiga

-vaya, sí tenía sed

Se me vino el mundo encima, aún así, acabé, volví a meterme las bragas, la mordaza, la mascarilla y me senté, intentando no mirar a su amiga.

-Creías que no lo sabía? Jaja

-Y la verdad, me da bastante envidia, me voy a pensar tener algo así

Así que había estado intentando disimular para nada. Siguieron con su conversación durante un rato.

Mi Ama se levantó, tenía que ir al baño, me dijo que la acompañara.

Entramos en los baños, tampoco había nadie pero siempre había el peligro de que entrara alguien. Esperaba tener suerte. Entramos en la cabina, ella se bajò la ropa, y se sentó. Me dijo que me quitara la mordaza. Imaginé lo que iba a pasar.

-creo que te has debido quedar con sed

-Si Señora

-Y tienes algo que decir

Joder, otra vez lo mismo. Siempre que quería me llevaba a lo mismo

-Se lo suplico, me puede dar más de beber

Ella puso una teatral cara de pensar. Inmediatamente escuché el sonido de su pis. Supongo que pudo ver mi cara de decepción. Cuando estaba acabando metió las bragas bajo ella, derramó las últimas gotas y luego se limpió con profusión, las arrugò

-es todo lo que mereces

Volví a meterlas en mi boca. El aroma era inconfundible para mi. Me puse la mordaza, y la mascarilla. Fui a salir

-espera! No te da vergüenza dejar así todo esto? Me gusta que al salir de un sitio quede bien limpio.

Los siguientes minutos me dediqué a limpiar con papel higiénico aquel baño, incluida la taza, el suelo, el lavabo…no me di cuenta de que había llegado su amiga y las dos me observaban desde la puerta del baño.

-Pues no lo hace del todo mal

-Cuando quieras te lo envío a casa, al fin y al cabo vivís en la misma ciudad

-Estarìa bien, siempre que venga amordazada y con una de esas jaulas que me has contado que hay para su cosa

-Por supuesto, es importante que no moleste

Cuando les pareció que la humillación había dado suficiente de sí me permitieron levantarme. Pagué la cuenta y fuimos al coche. Me indicó que regresáramos a casa de su amiga.

Antes de bajar me dijo que esa noche saldrían y que la recogiera al día siguiente a las once para llevarla a la estación. Me podía quitar la mascarilla por la noche pero al recogerla tendría que volver a llevarla.

Así lo hice. Me costò dormir debido a la excitacion pero al final me rindió el cansancio.

Al día siguiente la fui a recoger, con las bragas que ya olían algo mal ya, aunque yo lo agradecía, en la boca y la mordaza y la mascarilla.

Parecía cansada, la noche debía haber sido larga. La llevè a la estación.

-Hasta la próxima, esclava, puedes quitarte la mordaza, y te regalo las bragas.

Una vez más la vi alejarse sin saber hasta cuando, o si seria la última vez. Como adoraba a aquella cabrona.

Publicado por expartac0exclav0

No se lo que soy, o sí

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: