Ficción

Miraba hacia el mar por la gran cristalera del salón, la playa desierta estaba tan solo a unos metros, casi se podía tocar, casi se podía oler la sal. La vista era espectacular.

Había recibido su llamada por sorpresa, hacia mucho tiempo que no sabía de ella. No la había olvidado sin embargo, nunca olvidò el tiempo, no mucho, que pasaron juntos.

Le pidió que fuera a visitarla, estaba en su casa, en una pequeña y casi desierta playa de aquella isla no demasiado lejana.

Después de que dejaran de verse, ella había empezado a pintar, en poco tiempo se convirtió en una pintora de éxito, adorada y venerada por público y críticos. El siempre supo que sería así, se dedicara a lo que se dedicará, daba un poco igual. Era y seguía siendo una mujer muy guapa, y era y seguía siendo mucho más que eso,

En poco tiempo se hizo rica y famosa, su magnetismo atraía a hombres, a mujeres y atraía también el éxito y el dinero.

De un tiempo a esta parte aparecía poco en público, aunque como le sucedía a él, nadie la había olvidado. Así que cuando se dejaba ver en cualquier fiesta, estreno, exposición, la expectación era máxima. Se labró una fama de excéntrica y caprichosa, pero todos y todas la seguían adorando.

El mar estaba bastante tranquilo, como una balsa azul y atrayente. No había nadie, a lo lejos se adivinaban las siluetas de dos surfistas, con poco que hacer ya que no había olas que navegar.

Se abrió la puerta del salón, detrás apareció un hombre, ni alto ni bajo, ni flaco ni gordo, ni guapo ni feo, con un extraño color de pelo, entre pelirrojo y marrón mierda y una especie de barba que le salía de la barbilla y colgaba hacia su pecho. Era más joven que él y por tanto más joven que ella.

-Hola, me llamo Max, soy la actual pareja de ella, encantado de conocerte, quieres una cerveza o alguna otra cosa?

Pidió una cerveza, no, le daba igual la marca mientras estuviera bien fría.

A los pocos minutos apareció Max con dos cervezas y un plato de patatas fritas.

Siéntate por favor. Que tal el vuelo. Vienes de Madrid verdad? Te ha costado mucho encontrar la casa?

Sí, no, sì…aquel chico disparaba una pregunta tras otra casi sin esperar respuesta, como cumpliendo la función encomendada de tapar el silencio.

-Ella está acabando una obra, enseguida baja.

Hablaba de ella con veneración. No dijo “acabando de pintar” muy simple y mundano para ella. Lo suyo eran “obras”

Le ofreció un cigarro y se encendió uno, al parecer le molestaba menos el silencio si fumaba.

Jota observó de nuevo el mar, seguía igual, los surfistas seguían a lo lejos, esperando algo que ese día no llegaría.

A Max se le acababa el cigarro, las preguntas y los recursos para rellenar el tiempo.

Entonces como si lo hubiera sabido se abrió la puerta y apareció ella. Vestís una especie de túnica estampada de flores, de seda claro, le gustaba mucho la seda. Tal y como esperaba estaba tan guapa como la recordaba, tal vez más, aún así no pudo evitar estremecerse. Se acercó y le dio dos besos, Jota notò como si el sol hubiera salido después de un mes de invierno. Se había jurado no dejarse impresionar, pero los juramentos a veces no sirven de nada.

Se sentaron, ella le preguntò como le iba, su trabajo etc, mero trámite de cortesía. Enseguida la conversación se centrò en ella, su vida, su obra. Max trajo tres cervezas y más patatas. De repente el cielo se ensombreció y empezó a llenarse de nubes.

Max cariño, puedes recoger los toldos, va a haber tormenta. Por supuesto Max no tardò en levantarse para hacerlo. Que obediente Max. Enseguida empezó a llover a cántaros. Jota mirò hacia la playa preguntándose si los surfistas se habrían ahogado.

La tormenta fue corta pero intensa. Enseguida volvió a aparecer el sol. Ella estaba de perfil y Jota observó como el sol se reflejaba en su cara mientras encendía un cigarro, como iluminando a la Estrella en un escenario donde el resto eran meros comparsas.

Max cariño, hace un sol insoportable, te importa bajar el toldo?

A Max por supuesto no le importaba. Dijo que de paso miraría la piscina que tras las tormentas quedaba hecha un asco. Jota pensó aprovechar para preguntarle a ella por qué le había llamado, que quería de él. Cuando lo iba a hacer apareció por la escalera una niña de unos diez o doce años. Ella le dijo que era su hija, pero no habría hecho falta, eran iguales. Le saludò con dos besos. Preguntò si Max podría llevarle a la ciudad, había quedado con unas amigas. Su madre contestó que la llevaría ella misma, tenía que comentarle algo. Mientras volvemos quédate con Max, bajad a la playa un rato, a Max no le importa. (Claro) Tardaré poco, una hora o menos.

Max llegó con un pack de seis cervezas. Le propuso dar una vuelta por la playa. Mientras paseaban llenó el silencio con más preguntas de trámite, trabajo, vida. Aunque esta vez parecía que le interesaba de verdad. Luego Max le contó su propia vida, era escultor, hacia esculturas de piedra y se ganaba la vida, su padre estaba bien relacionado y recibía encargos de empresas, bancos, para decorar sus oficinas. Estaba casado, con dos hijos, cuando la conoció a ella, ella se encaprichó y él lo dejó todo, no pudo hacer otra cosa. Ni tampoco quiso.

Jota le entendía, sabía de lo que hablaba. Max le dijo que siempre supo que esto duraría un tiempo, luego acabaría y ya no habría nada, y sentía que ese momento estaba cerca. Mientras se dedicaría a hacerla feliz, a complacerla. Jota también lo entendía, aunque le daba algo de lástima. Dar todo por nada sabiendo que se acabará y no depende de ti. Triste. O no.

Se sentaron en la playa, la arena estaba húmeda pero era agradable estar allí recibiendo el sol de la tarde junto al mar. Escuchando algo que tuvo y perdió, o de lo que se había librado, según se mire. Cuando abrieron la tercera lata de cerveza observó que Max tenía los ojos húmedos, tal vez era lágrimas, tal vez la brisa del mar.

Escucharon que un coche entraba en la casa. Se levantaron para volver. Entraron y ella estaba en el salón fumando un cigarro sentada.

Max cariño puedes traer unas cervezas?

Claro

Cuando Max desapareció ella no esperó a las preguntas de Jota. Ella, como siempre, decidís cuándo y cómo.

Estarás pensando para que te he llamado. Iré al grano, ya sabes que nunca me he andado con rodeos -lo sabía-

Verás -siguió- me gusta alguien y quiero estar con èl.

-y quien es

-pues el que lee esto

-Como que el que lee esto

-Si Jota, el que nos está leyendo ahora

Joder Jota pareces tonto, el que nos lee, el que nos lleva leyendo un rato.

-No te entiendo, qué quieres decir, como que nos lee, qué somos, un libro o algo así?

-Pues claro, que te creías, que éramos reales? Jaja tú aún, pero alguien como yo?

-No se, yo me siento real

Pues no Jota, hay un tío que nos escribe y luego otros nos leen y uno de los que nos lee es el que me gusta.

-Pero… y que puedo hacer yo? -decidió seguirla el juego

-Mucho. Tú eres la versión del que escribe

-Que quieres decir

-El que escribe vuelca su personalidad en ti y por tanto tú puedes hacer que escriba que yo estoy con el que nos lee. Además se que él también quiere estar conmigo, siento que cuando lee me desea

Jota pensó que se había vuelto loca. El sabía que tenía un trabajo, que dormía, que comía, que follaba (vale, poco) que era. Que había tomado un vuelo, alquilado un coche, llegado allí, bebido cervezas. No podía ser una historia escrita por alguien. Por otro lado no tenía duda de que ella como siempre conseguiría lo que quisiera.

Acabò de leer el cuento, uno más, nada excepcional. Cerró el ordenador, apagò la luz, entrò en su habitación, y ella estaba allí, en su cama.

Publicado por expartac0exclav0

No se lo que soy, o sí

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